De pequeña, cuando escuchaba la palabra "pantano" se me venían a la mente las escenas de las películas de Tarzán en las que algún animal o persona era rescatado de un pantano. Entonces esa palabra o más bien lugar de una jungla inóspita era símbolo de peligro. Por eso, puedes imaginarte la cara que puse cuando, hace ya unos años, un vecino vino a preguntarme si quería ir a un pantano a recoger arándanos palustres o agrios (Vaccinium oxycoccos). Con muchas dudas acepté ir, después que mi vecino me prometiera que no nos hundiríamos. Menos mal que fui.
El pantano de mi vecino es pequeño y seguro. Ese día, que fui por primera vez, la cosecha de arándanos palustres era buenísima. Recuerdo haber visto muchos tallos cargados de frutos rojos. Como es una planta rastrera, hay que agacharse todo el tiempo para recogerlos. A simple vista casi no se ven porque, por su peso o por su forma de crecer, se esconden entre los musgos y vegetación típica de los pantanos y turberas de Finlandia.
Aquella primera vez en el pantano, fue inolvidable, y he vuelto allí cada otoño en busca de estos exóticos y ricos frutos. Siempre que voy y encuentro arándanos palustres, pienso muy agradecida en mi vecino que me hizo uno de los regalos más valiosos que un vecino me ha hecho en mi vida.
Hoy, volví al mismo pantano, pero no había tanto fruto y debe ser por las casi constantes lluvias del verano. No obstante, en un rincón del pantano, encontré unas matas bien cargaditas.
Los arándanos palustres son ricos en vitamina C, antioxidantes, etc. Se dice que previenen las infecciones urinarias. En los supermercados los venden secos o frescos congelados. Creo que lo mejor es del pantano a la mesa. Con estos arándanos se preparan todo tipo de postres, como estas ricas gachas batidas.
![]() |
| Este tipo de gachas es deliciosa con leche. |



